
La novela policíaca es un
género narrativo en donde la trama consiste generalmente en la resolución de un
misterio de tipo criminal. El protagonista en la novela policíaca es
normalmente un policía o un detective, habitualmente recurrente a lo largo de
varias novelas del mismo autor, que, mediante la observación, el análisis y el
razonamiento deductivo, consigue finalmente averiguar cómo, dónde, por qué se
produjo el crimen y quién lo perpetró.
Está generalmente aceptado que, aunque sus antecedentes
se remontan más atrás en el tiempo, el género policíaco como tal nació en el
siglo XIX de la mano de Edgar Allan Poe, al crear al detective Auguste Dupin en
su relato Los crímenes de la Calle Morgue.
Dupin fue el primer detective de ficción, el
cual sirvió de modelo a Arthur Conan Doyle para dar vida al “más famoso
detective de todos los tiempos”: Sherlock Holmes, que constituye por excelencia
el protagonista arquetípico de las novelas policíacas. Doyle, junto a Agatha
Christie, fundó lo que se conocería como la escuela británica de novela
policíaca.
Con el paso de los años, la novela policiaca fue
evolucionando hacia formas narrativas más complejas, la resolución del misterio
planteado como un juego de lógica dejó de ser el objetivo principal de la obra,
quedando en primer plano la denuncia social y un intento de comprender los
conflictos del alma humana. Fue así como nació un subgénero dentro de la novela
policíaca: la novela negra. La novela negra nació en EE.UU y los padres del
género fueron Raymond Chandler y Dashiel Hammett, en cuyas obras se basaron
algunas de las películas más representativas del cine negro americano
como El halcón maltés o El sueño eterno.
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